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LA MEMORIA HISTÓRICA EN LA LUCHA DEL PUEBLO ESPAÑOL: a 87 años del inicio de la Guerra Civil y dias antes de la próximas elecciones PDF Imprimir Correo
Escrito por Alejandro Torres Rivera   
Viernes, 21 de Julio de 2023 15:07

LA MEMORIA HISTÓRICA EN LA LUCHA DEL PUEBLO ESPAÑOL: a 87 años del inicio de la Guerra Civil y dias antes de la próximas elecciones

 

18 de julio de 2023

El el día en que se escribe este artículo, 18 de julio de 2023, se cumplen 87 años del inicio de la Guerra Civil española, la que se extenderá hasta el 1ro. de abril de 1939. El día 23 de julio se celebrarán elecciones anticipadas en España para la selección de un nuevo gobierno. Como ocurrió en la década de 1930 en el contexto de las elecciones, se enfrentarán en sus diferentes corrientes político-organizativas, las fuerzas de la derecha, centro e izquierda en España.

Luego del triunfo de las fuerzas fascistas en la Guerra Civil, España vivió un período de varias décadas bajo la dictadura impuesta por Francisco Franco. Con su muerte el 20 de noviembre de 1975 y la proclamación oficial de Juan Carlos I como rey de España, comienza un período de transición. Por primera vez desde el Golpe de Estado, el 15 de junio de 1977 el pueblo español libremente concurre a las urnas. En 1978 se promulgará una nueva constitución. A partir de entonces, no sin eventos de importancia que retaron los cambios iniciales, la sombra de decenas de años de oscurantismo comienzan a ser dejados atrás en el país. Fueron años en que aquellos derrotados y vencidos en la guerra, reclamarán su lugar en la historia española.

 

El 7 de julio de 2007 Juan Carlos I sancionó con su firma la Ley 24/2006 titulada “Ley de Memoria Histórica de España”. Con ella se pretendió reivindicar la memoria de aquellos(as) “hombres y mujeres que fueron víctimas de la guerra civil, o posteriormente de la represión de la dictadura franquista, por su defensa de los principios y valores democráticos, así como de quienes con su esfuerzo a favor de los derechos fundamentales, de la defensa de las libertades públicas y de la reconciliación, hicieron posible el régimen democrático instaurado por la Constitución de 1978.” Pretendía así esta Ley recuperar de la memoria perdida en la historia oficial de España, los valores encarnados siete décadas antes por la Segunda República, particularmente durante el periodo de la Guerra Civil entre los años 1936 al 1939. En el año 2008, sin embargo, el Juez Baltazar Garzón, tomó la decisión de investigar además el paradero de miles de republicanos desaparecidos entre la guerra civil y los primeros años de la dictadura franquista por considerarlo  un crímen contra la humanidad. Con dicha iniciativa persiguía establecer las responsabilidades históricas de al menos 34 importantes figuras de la Dictadura, incluyendo su principal dirigente el General Francisco Franco Bahamonde, como principales autores materiales e intelectuales de las desapariciones y represalias de decenas de miles de ciudadanos españoles durante y después de concluida la Guerra.


La Ley vino precedida de otras disposiciones legales como fueron: (a) el Decreto-Ley 10/1969 promulgado en 1969 en virtud del cual Franco decretó prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939; y (b) la Ley 46/1977 en virtud de la cual se decretó una amnistía para todos los responsables de delito.


Se estima en un millón víctimas durante los tres años de la Guerra. Cuando se suman las víctimas adicionales producto de la represión franquista en las zonas ocupadas por los militares golpistas, tanto civiles como militares leales a la República, antes y después de la Guerra; el número podría ascender a más de un cuarto de millón de ciudadanos.

De acuerdo con Paul Preston, en su libro La Guerra Civil Española, durante el curso de la Guerra, pero muy en particular ya hacia su final, Franco “solo estaba interesado en oír hablar de rendición incondicional. Su determinación de no llegar a ningún tipo de compromiso se reflejó después de la guerra en los campos de trabajo, en los 500,000 presos y en las 150,000 muertes sobre las que edificó su dictadura.” La Guerra Civil asoló a España a partir del alzamiento de algunos militares de carrera de alta gradación junto a sus guarniciones el 17 de julio de 1936. El Golpe militar fue dirigido por los generales José Sanjurjo, Emilio Mola y Francisco Franco. En los primeros meses del levantamiento dos de los principales dirigentes militares (Sanjurjo y Mola), murieron en accidentes, lo que lleva a Franco a tomar la dirección principal del Golpe y la conducción de la guerra por parte del bando nacional.

El conflicto español ha sido considerado por diversos historiadores como un conflicto nacional e internacional. Su base material se encuentra, hablando en términos inmediatos históricamente, en el Golpe de Estado militar dado por el general Miguel Primo de Rivera el 23 de septiembre de 1923, la posterior salida del trono de Alfonso XIII, los intentos de restauración monárquica en 1930 y la huida del rey fuera de España en 1931.


Ya en enero de 1930 Primo de Rivera había dimitido en su cargo. Tras la salida el rey el 14 de abril de 1931 se establece la Segunda República. Luego de un periodo de gran inestabilidad, donde se enfrentan las fuerzas conservadoras, monárquicas y fascistas con las fuerzas liberales, democráticas y republicanas, con una amplia participación de los sindicatos obreros dirigidos e influenciados por las corrientes anarquistas, socialistas y comunistas, finalmente, en las elecciones del año 1933, se produce el triunfo del Frente Popular.


El Frente Popular fue una amplia agrupación de partidos, tendencias y organizaciones diversas que puso fin al control de la oligarquía española y el clero sobre la vida misma del país. En una España atrasada, aún sin haberse recuperado las clases dominantes y las castas militares del desastre que representó para sus intereses económicos y su prestigio la pérdida de sus últimas colonias en el Caribe y el Océano Pacífico en 1898, unido más adelante con las derrotas sufridas por los mandos militares frente a las fuerzas independentistas en el entonces llamado Marruecos español en el norte de África, los cambios propulsados por la Segunda República no eran asimilables para estos sectores. El fin del concordato entre el Estado y la Iglesia Católica; el decreto sobre la educación pública y gratuita; la expropiación de ciertos bienes de la Iglesia; el avance en los derechos de la mujer y su gradual incorporación política y económica a la vida del país; la legalización de los sindicatos obreros y los partidos políticos; el reconocimiento de los derechos autonómicos de las nacionalidades dentro del Estado Español; el impulso a la modernización del país; la reforma agraria y la entrega de tierras a quienes las trabajaban; entre otras; fueron inmediatamente causa para el reagrupamiento de las fuerzas de derecha en España. Estas las componían fundamentalmente organizaciones fascistas como la Falange, fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera  y la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Fueron éstas, junto con los militares y la Iglesia, las que fraguaron el golpe de estado luego de haber derrotado al Gobierno del Frente Popular en las elecciones de 1934 y perder las elecciones de 1935. Desde muy temprano en el conflicto, tanto Mussolini en Italia como Hitler en Alemania, intervinieron del lado de los golpistas insurrectos, auto denominados “nacionales”, para distinguirse de las fuerzas leales a la Segunda República, llamados “republicanos”. A lo largo de la Guerra el apoyo de fuerzas militares de tierra, donde participaron directamente más de 80 mil soldados italianos, así como la participación de oficiales, asesores y técnicos italianos y alemanes; la entrega del más sofisticado armamento por parte de Italia como Alemania, que incluyeron aviones de combate, artillería y carros de combate;  y la participación directa de pilotos y buques de guerra, resultaron factores claves en el triunfo de las fuerzas de Franco.


Para algunos estudiosos del tema, la Guerra Civil Española constituyó el laboratorio desde el cual los gobiernos fascistas de Alemania e Italia ensayaron lo que sería a partir de 1939 las tácticas militares llevadas a cabo por estos países durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Civil también fue un punto de enfrentamiento internacional de las grandes potencias. Mientras los regímenes democráticos burgueses de Francia, Inglaterra y Estados Unidos volvían la espalda a la República Española, fueron la Unión Soviética y México quienes mantuvieron apoyo constante al bando republicano. Para Francia, Inglatterra y Estados Unidos pesó más la radicalización del proceso y el avance de las ideas comunistas, socialistas y anarquistas en España,  así como el avance en el desarrollo de los derechos de las nacionalidades dentro del Estado español, que el peligro que representaba el nazismo en Alemania o el fascismo en Italia.


La intervención de la Tercera Internacional Comunista, en conjunto con la suma de los partidos comunistas que la integraban, se colocaron del lado de las fuerzas republicanas en la contienda, respondiendo ante el aislamiento a la República por parte de la Sociedad de Naciones, con la convocatoria en sus respectivos países a la organización de las Brigadas Internacionales antifascistas en apoyo a la República Española. Se estima que en España combatieron entre 40 a 60 mil brigadistas internacionales provenientes de más de cincuenta países, incluyendo aproximadamente 20 mil voluntarios que prestaron sus servicios la República en unidades médicas. La participación de los brigadistas se dio entre el 12 de octubre de 1936 y el 23 de septiembre de 1938 cuando fueran despedidos en Barcelona los últimos 12,673 miembros de las Brigadas Internacionales. Batallones de voluntarios internacionales agrupados en varias Brigadas como fueron las Edgar André, Henri Vulleimin, Henri Barbusse, Pierre Brachet y Comuna de París (franceses); Garibaldi (italianos); Dombrowski y Miskieswicz Palafox (polacos); Thaelman (alemanes); André Marty y Louis Michel (franco-belgas); Domingo Germinal (españoles-portugueses); Dimitrov (yugoeslavos); Chapiev (balcanes); Lincoln y Washington (estadounidenses); Mckenzie-Papineu (canadienses); Connoly (irlandeses); Rakosi (húngaros); Masaryk (checoeslovacos); y Dayachovitc (búlgaros).


Combatientes provenientes de Perú, Cuba, Puerto Rico y otros países latinoamericanos, también fueron integrados en brigadas internacionales o mixtas, como parte de esta larga lista de seres humanos, que sin nada a cambio que no fuera la defensa del futuro de la humanidad, fueron a España a combatir y morir junto con sus hermanos españoles en contra del fascismo. En el caso de Puerto Rico, en libro escrito por José Alejandro Ortiz Carrión conTeresita Torres Rivera, titulado Voluntarios de la Libertad, puertorriqueños en la defensa de la República Española 1936-1939 (2015), documenta la participación de 74 puertorriqueños en dicha contienda en apoyo a la Segunda República. Se estima el número de ejecuciones judiciales en ambos bandos en la contienda en 130 mil, de las cuales hasta la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica de España, los restos de poco más de 90 mil habían sido localizados. Posiblemente otros 50 mil murieron en ejecuciones sumarias extrajudiciales. Preston  estima en su libro una relación de 3-1 al comparar las ejecuciones dentro del bando nacional (franquista) con las llevadas a cabo en el bando republicano.
La Guerra trajo también el éxodo de más de 400 mil seres humanos como refugiados. Muchos de ellos, cruzaron la frontera hacia Francia siendo internados en condiciones muy precarias en campos de refugiados. Sin embargo cuando sobrevino en aquel país la ocupación nazi y el establecimiento del Régimen fascista de Vichy, muchos fueron apresados y encarcelados. Algunos de los líderes republicanos, deportados por el gobierno frances a España, fueron ejecutados por la Dictadura; así como miles de ellos enviados a campos de concentración o de trabajos forzados para trabajar en condiciones de semiesclavitud en la industria de guerra en Alemania, donde una gran parte moriría víctimas del terror nazi. Se estima que 15 mil de ellos fueron obligados a trabajar en las fortificaciones nazis en la Muralla del Atlántico entre 1940-41. Otros cuatro mil fueron llevados a trabajar a partir del mes de octubre de 1941 en fortificaciones alemanas en las islas del Canal de la Mancha de los cuales solo 59 sobrevivieron la guerra. Otros tanto se integrarían a la resistencia antifascista en Francia aportando sus experiencias en la Guerra Civil, esta vez configurando la espina dorsal de los maquis, la Resistencia Francesa contra ocupación nazi. En la tragedia de la Guerra Civil Española jugó un papel importante la Iglesia Católica. Además de la participación directa de sacerdotes en las campañas militares de los golpistas; en la represión contra los miembros de las logias masónicas o de organizaciones comunistas, anarquistas y socialistas en los territorios ocupados por los rebeldes; la Iglesia Católica también jugó un papel importante en el control ideológico de la población; en las medidas regresivas adoptadas por los franquistas en materia de derechos de la mujer, la familia, el divorcio, el aborto; y sobre todo en la educación. Luego de la guerra, la Iglesia también jugaría un papel destacado en el proceso de educacativo promoviendo en las nuevas generaciones la lealtad y adicción hacia las ideas y valores de la Dictadura.


La Guerra también produjo bajas de curas y monjas en el sector republicano. Allí se cometieron excesos que condujeron a la muerte de 6,832 miembros del clero y órdenes religiosas. De hecho, quizás por esto, la primera felicitación recibida por Francisco Franco el 1 de abril de 1939, provino del Papa Pío XII quien personalmente agradeció la “victoria católica” en España. La Guerra Civil Española concluyó el día 1 de abril de 1939 cuando el Cuartel General de Francisco Franco comunica al pueblo español lo siguiente:


“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, nuestras tropas victoriosas han alcanzado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.”
Se ha indicado, sin embargo, que hasta el día de su muerte, España no tuvo reconciliación ya que Franco se encargó personalmente en mantener el país dividido entre vencedores y vencidos. Paul Preston en su libro antes citado, La Guerra Civil española, ejemplifica lo anterior de la siguiente manera:


“...Es difícil conciliar la visión de Franco como patriota magnánimo con el lenguaje psicopatológico utilizado por los franquistas para presentar a sus compatriotas de izquierdas como seres infrahumanos: canalla, sucia, asquerosa, pestilente, depravada, chusma, putas y criminales. Este lenguaje justificaba la necesidad de ‘purificación’, eufemismo de la más amplia represión física, económica y psicológica. Poco le importaba a los vencedores el coste en sangre de salvar el alma de la nación. Al igual que la Volkgemeinschaft nazi y los gulags soviéticos, la dictadura de Franco también se embarcó en un proceso de ‘reconstrucción’ nacional por medio de la ejecución, el exilio forzoso, el encarcelamiento, la tortura y la humillación económica y social de centenares de miles de españoles derrotados en la contienda civil de 1936-1939. La persecución de los compatriotas a los que se consideraban pertenecientes a la ‘anti España’ (izquierdistas o liberales y sus familias extendidas, todos los cuales se convirtieron en ‘no personas’ sin derechos civiles) afectó a millones de españoles.” En la España victoriosa y católica, los campos de concentración estuvieron abiertos por años hasta ya entrada la década de 1950. En ellos se aplicó, sin pronunciamiento alguno de condena por parte de la estructura eclesiástica, la tortura sistemática, el trabajo forzado y la degradación humana de los prisioneros y prisioneras, muchos de los cuales optaron por el suicidio.


Otra de las grandes víctimas de la Guerra en el periodo del franquismo lo  fueron las nacionalidades históricas dentro del Estado español, particularmente los casos de Cataluña y el país Vasco en cuanto a sus fueros autonómicos, como también la prohibición impuesta en el territorio de cada uno de éstos sobre el uso público de las lenguas originarias de estas nacionalidades. A pesar de que Franco declaró el 4 de septiembre de 1939 a España como país neutral en la contienda de la Segunda Guerra Mundial, apoyó el esfuerzo de guerra nazi en dicha contienda con la participación de voluntarios falangistas que partieron hacia el Frente Oriental en la llamada “División Azul” y del llamado Deutsche Arbeitsfront (Frente del Trabajo Alemán), donde comprometieron la participación de 100 mil trabajadores españoles en el esfuerzo de guerra nazi. El 12 de junio de 1940, sin embargo, cambió tal estatus a uno de “país no beligerante”; y luego el  3 de octubre de 1943, cuando ya se perfilaba un derrotero distinto en el curso de la Guerra, Franco cambió nuevamente la posición declarando a España “país neutral”. Se trata del año en que los alemanes fueron barridos de Stalingrado por el Ejército Soviético y el año que marca la caída de Mussolini en Italia. Se dice que en esas circunstancias, había dos tendencias muy definidas en España en el marco de los sectores que representaban parte importante de la base social del régimen de Franco: los falangistas, que apoyaron abiertamente el involucramiento de Franco en la Segunda Guerra Mundial del lado de Alemania e Italia; y los católicos, que favorecían la no intervención española en esta nueva guerra. Las vacilaciones de Franco en la contienda europea, sin embargo, tuvieron consecuencias inmediatas para España al final de la Guerra. De hecho, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial y desarrollado el esfuerzo que culmina en la fundación de la Organización de las Naciones Unidas, España es excluida de los países fundadores de la Organización y sometida a una política de aislamiento internacional, sujeta a sanciones económicas para presionar la terminación de régimen franquista. Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial plantearon para muchos ex combatientes españoles que formaron parte de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial y que antes fueron combatientes anti fascistas republicanos durante la Guerra Civil en España, dirigidos principalmente por el Partido Comunista Español en el exilio, la posibilidad de abrir un frente interno guerrillero en España. Esta empresa, sin embargo, sería abandonada más tarde. A pesar de haber introducido el Partido Comunista en España miles de combatientes clandestinos, ante la falta de condiciones materiales reales para el desarrollo de un proceso insurreccional en el interior del país, el proyecto se abandonó retirando gran parte de los combatientes que quedaban en el interior de España nuevamente hacia Francia. El giro tomado en el escenario internacional como resultado de la Guerra Fría comenzó a cambiar el panorama de la dictadura franquista. En el repudio al comunismo, tanto Estados Unidos como Inglaterra y Francia, hacían causa común con los intereses históricos de Franco en España. Es por esto que dentro del nuevo escenario mundial, ya en 1950, con el país aún lleno de decenas de campos de concentración y trabajo forzado, las Naciones Unidas revocan su Resolución de 1946 condenando el régimen de Franco. Inmediatamente Estados Unidos designa embajador en España, lo que constituye el reconocimiento del régimen franquista, y ya en 1959 establece bases militares en España. Con mano férrea, durante la década de 1960, el país comienza a sufrir importantes transformaciones económicas. Además de España abrirse al turismo, comienzan a desarrollarse importantes movimientos migratorios de trabajadores españoles hacia otros países europeos, lo que además de producir un efecto económico desde el punto de vista de las divisas que recibe el país, contribuye a que el pueblo español comience a salir de un estado de aislamiento en cuanto a las corrientes principales del pensamiento político europeo, lo que eventualmente empuja, milímetro a milímetro, cambios políticos en España. Durante la primera mitad de la década de 1960 se produjeron dos atentados importantes contra Franco. En la segunda mitad de esta década, ya comenzaban a desarrollarse importantes movilizaciones estudiantiles en la Universidad demandado cambios políticos, así como el inicio del activismo político de organizaciones como la ETA y el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). A la protesta popular ante la represión política, que incluyó el rechazo de importantes sectores dentro del pueblo español y de los dirigentes de más de una docena de países europeos y del Vaticano de los fusilamientos de jóvenes militantes de izquierda apresados, se sumaba el rechazo a la corrupción de altos funcionarios del la Dictadura, incluyendo miembros cercanos al grupo familiar interno de Franco. La transición hacia la democracia en España, como indicamos antes, podemos ubicarla en la proclamación de Juan Carlos de Borbón como Rey de España a raíz de la muerte de Franco. La misma fue habilitada en virtud de una Ley aprobada en 1974 titulada “Ley de Sucesión en la jefatura del Estado. Previo a su muerte y en virtud de esta Ley, Juan Carlos había asumido temporalmente la Jefatura del Estado de manera provisional en ocasión de dos episodios previos de enfermedad de Franco cercanos a su muerte. La Constitución de 1978 no concibe al Rey desde aquella dimensión del periodo de la Dictadura, sino como lo describe su Artículo 57, como heredero legítimo de la dinastía histórica española. En esta transición participan, además, los gobiernos que le suceden partir de la promulgación de la nueva Constitución, principalmente el  presidido por Adolfo Suárez González, quien provenía de la filas del franquismo. Fue el gobierno encabezado por Suárez el responsable del inicio del desmantelamiento de las instituciones en las cuales descansó la Dictadura. Su Gobierno convocó las primeras elecciones libres en 1977. Bajo su mandato como Presidente del Gobierno, las Cortes elaboraron una Reforma Política que culminará en la aprobación de una Constitución a partir de la cual se establecerá el orden institucional desde la cual funciona el Estado Español hasta el presente.


Estando en a la cabeza del gobierno su partido, la Unión Centro Democrático (UCD), bajo la dirección de su sucesor Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, se producirá el más significativo choque entre las fuerzas de la Dictadura desplazadas por la ola democrática y el nuevo régimen constitucional cuando se produce el 23 de febrero de 1981 el intento de Golpe de Estado del Teniente Coronel Antonio Tejero. El desenlace en favor de la institucionalidad y la Constitución, con la activa participación del Rey y de las Fuerzas Armadas, sellan así el inicio en España del avance decisivo hacia la vía democrática. A partir del 1982 y hasta la pérdida de las elecciones en 1996 asumirá las riendas del gobierno del país el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Este partido fue fundado el 2 de mayo de 1879. Durante los años de la Dictadura permaneció ilegalizado.

Entre los primeros años del gobierno de Adolfo Suárez hasta el final del mandato de Felipe González Marques del PSOE en 1996, España ingresó en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y en la Unión Europea.


Barcelona, una de sus ciudades industrializadas y de mayor resistencia y oposición al Golpe de Franco durante los años de la Guerra y capital a su vez de una de las regiones autónomas más importantes dentro del Estado Español, fue la sede en 1992 de los Juegos Olímpicos. Es este periodo, también, cuando se produce el despegue económico más importante en décadas llevando al país a la plena modernización. Los logros de los primeros años del mandato socialista se vieron sin embargo al final opacados por importantes denuncias de corrupción contra importantes funcionarios del gobierno, así como con el surgimiento de agrupaciones cuasi militares, auto denominadas anti terroristas. Se trata de agrupaciones surgidas para contrarrestar la política seguida por organizaciones de izquierda político-militares como fueron la ETA (País Vasco y Libertad), surgida en 1959; el FRAP (Frente Revolucionario Anti Fascista y Patriota), vinculado con Partido Comunista de España Marxista-Leninista, una organización surgida tras una ruptura con el Partido Comunista de España que rechazaba la política de este último sobre reconciliación nacional y transición pacífica a la democracia; y los GRAPO (Grupos de Resistencia Anti fascista 1ro. de mayo), de orientación maoísta, surgidos en 1975, que abogaban por el desarrollo de la guerra popular prolongada en España hasta la eventual creación de un Estado socialista siguiendo el modelo desarrollado para entonces por la República Popular China. La política actual dentro de España gira principalmente en torno a varias agrupaciones, a saber: Partido Socialista Obrero Español, quien en los pasados años ha encabezado el Gobierno; Izquierda Unida, una coalición de fuerzas dentro de las cuales participan hoy, entre otros sectores, lo que fue el Partido Comunista; el Partido Popular, heredero de lo que fue la Unión de Centro Democrático y que agrupando fuerzas de derecha dentro de España. Sin embargo, nuevas agrupaciones de la extrema derecha han resurgido hoy en la política española.


A nivel de las regiones autónomas, existen partidos políticos autonómicos desde los cuales se manifiestan también las mismas corrientes políticas antes descritas para el conjunto del Estado español, unido esto a corrientes nacionalistas, como es a manera de ejemplo el caso en el país vasco, con el Partido Nacionalista Vasco. En la España de hoy, sin embargo, existe un claro rechazo político de parte de los diferentes sectores ideológicos al uso de la violencia como método fundamental de lucha del pueblo para alcanzar sus objetivos inmediatos. De hecho, entre las dos fuerzas política principales, el PSOE y el PP, más allá de sus cotidianas diferencias, suscribieron el 12 de diciembre de 2000 el llamado “Pacto Anti terrorista”, dirigido en aquel momento a atender las acciones militares de la ETA y las amenazas de terrorismo basado en corrientes fundamentalistas del pensamiento religioso, fundamentalmente musulmán.


Esta violencia, en nada comparable con aquella que trajo como secuela la Guerra Civil, es rechazada por la mayoría del pueblo español incluyendo esa misma mayoría que añora el rescate de la memoria histórica de su pueblo y el rechazo a la Dictadura que tanta sangre, desgracia y división trajo a su pueblo.


Con toda la gravedad que representa el resultado de la violencia atribuida a ETA a lo largo de su historia, la cual para el año 2008 había segado 822 vidas (341 civiles y 481 policías o militares); o las víctimas de los atentados del “11 M”, éstos sucesos  no superan históricamente hablando, la muerte de cerca de más un millón de españoles fallecidos como resultado de la Guerra Civil y la Dictadura posterior franquista. Por eso, aunque sea desde la distancia que nos brinda la historia, es tiempo ya de rescatar en su más amplia dimensión, la memoria histórica de los fusilados, de los torturados, de los desaparecidos, de los humillados, de los despojados de su dignidad, de los excluidos de su propia patria; víctimas todos de aquellos sucesos que como ayer, laten en la memoria del pueblo español. Los muertos siempre merecerán en el recuerdo de los que le sobrevivieron y descansar en paz. Los valientes hijos e hijas de la Segunda República española también.

 

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